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Las aguas aptas para el consumo humano son aquellas que no contienen ningún microorganismo, parásito o sustancia en una cantidad o concentración que pueda suponer un peligro para la salud. Según la ley actual son las siguientes:

  • Aquellas utilizadas para beber, cocinar, preparar alimentos, higiene personal y para otros usos domésticos.
  • Aquellas utilizadas en la industria alimentaria para la fabricación, tratamiento, conservación o comercialización de productos destinados al consumo humano, así como la utilizada para la limpieza de superficies y objetos que puedan entrar en contacto con los alimentos.
  • Aquellas suministradas para consumo humano como parte de una actividad comercial.

Estas aguas se pueden clasificar según su procedencia y distribución en los siguientes grupos:

  1. Agua de consumo humano pública (agua del grifo): Es aquella agua no envasada destinada al consumo directo o incorporada a los alimentos. Se le conoce como “agua del grifo” y llega a las viviendas y a la industria mediante la red de abastecimiento público. Puede proceder de captaciones superficiales (pantanos, ríos, lagos, etc.) o subterráneas (pozos y manantiales).
  2. Agua de consumo humano envasada: Es aquella agua destinada al consumo directo que llega a los consumidores envasada (generalmente en envases de plástico). Se pueden distinguir los siguientes tipos:
  • Agua de consumo público envasada: Es aquella agua distribuida por la red de abastecimiento público, envasada de forma coyuntural para su distribución domiciliaria y gratuita con el objetivo de suplir ausencias o insuficiencias accidentales de la red pública.
  • Agua preparada: Es aquella de cualquier procedencia que es sometida a tratamientos físico-químicos (decantación, filtración, cloración, etc.) para hacerla potable. Se puede clasificar a su vez en agua potable preparada (si procede de un manantial o una captación subterránea o superficial) y agua de abastecimiento público preparada (si procede de la red de abastecimiento público).
  • Agua de manantial: Es aquella de origen subterráneo que emerge espontáneamente en la superficie de la tierra o se capta mediante labores practicadas al efecto, y tiene unas características naturales de pureza que permite su consumo directo (estas características se mantienen intactas mediante la protección del acuífero contra cualquier riesgo de contaminación).
  • Agua mineral natural: Es aquella microbiológicamente sana que tiene su origen en un yacimiento subterráneo y que brota de un manantial o se capta mediante un sondeo, pozo o zanja. Se distingue de las restantes aguas por su pureza original, por su constancia química, por su contenido en minerales y oligoelementos y, en ocasiones, por determinados efectos sobre el consumidor (estas características se mantienen intactas mediante la protección del acuífero contra cualquier riesgo de contaminación). Para la utilización de esta denominación, el agua debe mantener constante su composición y su temperatura, que no debe verse afectada por las variaciones del caudal del manantial.

En cuanto al etiquetado de las aguas envasadas, debe incluir los siguientes datos:

  • La denominación del tipo de agua del que se trata.
  • El nombre del manantial y término municipal y provincia donde se encuentra (en el agua de manantial y el agua mineral natural)
  • La composición analítica cuantitativa que enumera sus componentes característicos (en el agua mineral natural).
  • Una denominación comercial (No es obligatorio pero se puede añadir de modo opcional).

Las aguas minerales naturales pueden incluir además las siguientes menciones en función de sus características:

  • De mineralización muy débil: Si tiene hasta 50mg/l de residuo seco.
  • Oligometálicas o de mineralización débil: Si tiene hasta 500 mg/l de residuo seco.
  • De mineralización media: Si tiene entre 500 mg/l y 1500mg/l de residuo seco.
  • De mineralización fuerte: Si tiene más de 1500 mg/l de residuo seco.
  • Bicarbonatada: Si tiene más de 600 mg/l de bicarbonato.
  • Sulfatada: Si tiene más de 200 mg/l de sulfato.
  • Clorurada: Si tiene más de 200 mg/l de cloruro.
  • Cálcica, o que contiene calcio: Si tiene más de 150 mg/l de calcio.
  • Magnésica, o que contiene magnesio: Si tiene más de 50 mg/l de magnesio.
  • Fluorada, o que contiene flúor: Si tiene más de 1 mg/l de fluor.
  • Ferruginosa, o que contiene hierro: Si tiene más de 1 mg/l de hierro.
  • Acidulada: Si tiene más de 250 mg/l de CO2
  • Sódica: Si tiene más de 200 mg/l de sodio.
  • Indicada para dietas pobres en sodio: Si tiene hasta 20 mg/ de sodio.

También se pueden incluir las menciones “Indicada para la preparación de alimentos infantiles”, “Puede tener efectos laxantes” y “Puede ser diurética”.

Bibliografía:

  • Mataix Verdú, J. 2015. Nutrición y alimentación humana: I. Nutrientes y alimentos.
  • RD 140/2003, de 7 de febrero, por el que se establecen los criterios sanitarios de calidad del agua de consumo humano.
  • RD 1798/2010, de 30 de diciembre, por el que se regula la explotación y comercialización de aguas minerales naturales y aguas de manantial envasadas para consumo humano.
  • RD 1799/2010, de 30 de diciembre, por el que se regula el proceso de elaboración y comercialización de aguas preparadas envasadas para el consumo humano.

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